VIAJANDO, PARTE 1: COREA DEL NORTE

¡Bienvenidas otra semana más a SoniainSeoul! Hoy estrenamos sección, y es que llevaros conmigo a conocer Seúl ya me sabía a poco. Es el momento de ampliar horizontes, y por eso esta semana comenzamos una sección dedicada a mis aventuras a lo largo y ancho de la península coreana.

Corea no es solo Seúl. De hecho, la realidad del resto del país poco tiene que ver con el sueño futurista que es la capital. En esta nueva sección compartiré mis viajes, cuando los haga, para poder aportar un nuevo punto de vista respecto a la idea que tenemos de Corea en el extranjero.

Me repito, Corea no es Seúl, y estáis a punto de descubrirlo.

Inauguro la sección con un tema que genera tanta controversia como fascinación: Corea del Norte. Aunque esta vez se tratará de un reportaje de segunda mano, pues no he sido yo quien ha visitado el otro lado de la frontera, sino mi compañera de habitación y mi buena amiga Eduarda. Ella me ha hablado de todo de lo que fue testigo en la capital norcoreana, Pionyang, y yo lo comparto con vosotros.

¡Comenzamos!

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Una gran decisión para un viaje express

Cuando al llegar a mi habitación me encuentro con que mi amiga Eduarda está planeando un viaje a Corea del Norte no puedo creerlo. “Estás loca mujer” le dije cuando me propuso acompañarla. Es como visitar cualquier otro sitio, no me va a pasar nadareplicaba una y otra vez cuando sus amigos y familia ponían en duda su buen juicio. Por mi parte, tan sorprendida como estaba, nunca puse en duda su decisión. En el fondo todos tenemos curiosidad por saber qué secretos se esconden al otro lado de la zona desmilitarizada que separa las dos coreas.

Se trató de un “viaje express”. Contactando con un guía de viajes dedicado a pasear a los intrépidos turistas que desean adentrarse en las calles de Pionyang, Eduarda se embarcó en una escapada de 2 días y 1 noche en la mediática Corea del Norte.

Para empezar, Eduarda tuvo que sacarse el visado para visitar China. ¿Por qué? Porque, por supuesto, no hay manera de acceder a Corea del Norte como turista directamente desde el sur. Mi compañera viajó hasta China, desde donde tomó un tren que la llevaría directamente a la capital norcoreana.

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Pionyang, mezcla de antiguo y moderno

Las aventuras comenzaron ya en el tren. Al poco tiempo de cruzar la frontera entre China y Corea los militares detuvieron el vehículo durante más de una hora para hacer una revisión de seguridad exhaustiva. Para entrar en Corea del Norte tienes que aceptar que comprueben tu documentación, tu información personal y por motivos de seguridad, tus aparatos electrónicos. Una vez pasado el examen Eduarda continuó su camino hacia Pionyang.

Al llegar, fueron muchas las cosas que la sorprendieron. La primera de ellas, cito sus palabras: “parecía que la ciudad estuviera sostenida en el tiempo, que se hubiera quedado parada en los años 50“. Para tratarse de una capital metropolitana, no había ni pizca de modernidad en su estructura. Tanto las calles como los edificios parecían glorias pasadas, desgastadas y olvidadas hace ya muchos años.

Sin embargo, también la sorprendió que algunos de los prejuicios más popularmente extendidos en occidente sobre la ciudad resultaron no ser cercanos a la realidad. Para empezar, había muchos coches circulando, incluso coches de marca y de aspecto muy caro. Además la gente caminaba con los móviles en la mano, al igual que en el resto del mundo; móviles modernos, estilo Android, excepto por la gente de edad avanzada que llevaban los típicos teléfonos solo para llamadas.

Al hablar con algunos niños comprobó que tenían diversos juegos en sus móviles y, aunque no tienen conexión a nuestro internet, tienen su propia red restringida.

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Conociendo a los norcoreanos

Otro aspecto que la sorprendió fue que, aunque es ilegal que los turistas caminen sin un guía por la ciudad, podían pararse a hablar con los ciudadanos sin ningún tipo de problema. En su grupo de turistas hablaron sobre todo con niños, aunque también con algunos adultos. De estas interacciones sorprendió sobre todo el uso del inglés. Los niños, al ver que se trataba de un grupo de extranjeros, se dirigían a ellos directamente en inglés, dando a entender que el “idioma universal” es una asignatura más en las aulas de Pionyang.

Les llamó también la atención que había más diferencias de las que podríamos pensar entre el vocabulario de Corea del Norte y Corea del Sur. En muchas ocasiones, al intentar comunicarse con los ciudadanos se encontraban con que no entendían muchos términos que en el sur se utilizan a diario. En menos de 100 años de separación el idioma ya ha tomado caminos diferentes.

Otra gran sorpresa fue la presencia occidental en la ciudad. Aunque no había muchos viandantes de aspecto no coreano, sí se encontraron con algunos, que caminaban con normalidad por la calle. Incluso se cruzaron con una familia mixta, mujer coreana, marido blanco e hijos mestizos, algo que parece imposible en la sociedad norcoreana tal y como la entendemos.

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En cuanto a la ciudad como tal, la mayoría de la arquitectura parecía antigua y los edificios no tenían comparación en altura ni en diseño con los de las ciudades surcoreanas. Había algunos edificios remarcablemente altos y modernos, pero muy pocos para lo que cabe esperar de una capital. Lo más extraño es que durante la noche se iluminaban de arriba a abajo, todas y cada una de las ventanas, pero al acercarte a ellos descubrías que no había nadie dentro. Iluminan sus mejores edificios como muestra de poder y modernidad.

Visita al Museo de la Guerra

Eduarda no presenció nada demasiado extraño ni llamativo en las calles durante su estancia. Nada digno de la historia de terror que se genera popularmente respecto al país. Sin embargo, sí hubo algo que puso a los viajeros la piel de gallina: el Museo de la Guerra. Como cabe esperar, los guías del museo contaban la historia de la Guerra de Corea desde el punto de vista de los norcoreanos. Un punto de vista que nos es ajeno y despertó comentarios entre el grupo de visitantes como “claro que sí” o “y quieren que nos creamos esto”.

Lo verdaderamente terrorífico del museo era la representación de soldados extranjeros. Cuando exhibían algún misil o tanque estadounidense, si había algún soldado enemigo dentro del mismo, colocaban junto al objeto fotografías de la captura de esos soldados por el ejercito norcoreano. Incluso exhibieron una figura de cera representando soldados extranjeros muertos, con los ojos en blanco, sangre en la boca, gravemente heridos y con pájaros comiéndose su carne. Una pieza no muy agradable de contemplar y que dejó una gran impresión en todos los visitantes.

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El viaje a Pionyang fue incluso más inolvidable debido a que el país entero estaba de celebración, pues era el cumpleaños de Kim Jong Il, un importante político y militar norcoreano conocido con el título de “el generalísimo”. Para festejar el cumpleaños de esta figura todos los habitantes de Pionyang salieron a la calle a llevar flores a las imágenes y estatuas del generalísimo. Eduarda preguntó al guía si era obligatorio hacer ofrendas al militar o la gente lo hacía por voluntad propia. La respuesta: no es obligatorio, pero levantaría muchas sospechas el no hacerlo. Y esas sospechas podrían traer graves consecuencias.

Y en cuanto a otras cosas que pueden traer consecuencias, destaca el tomar fotos de imágenes y estatuas de Kim Jong Un y su padre en las que no se viera sus rostros completamente. Corea del Norte está repleto de imágenes del dictador y sus antepasados, y por eso es sencillo que alguna de estas se cuele en el fondo de tus fotografías. Si eso ocurre, debes asegurarte de que sus rostros salen completos y claros, o podrías meterte en problemas tal y como les advirtieron al llegar a Pionyang. Sin embargo, nunca revisaron sus cámaras para comprobar si habían seguido sus indicaciones o no.

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Una vida sencilla y normal

Eduarda hizo hincapié en que las gentes de Pionyang fueron muy amables y agradables con ellos en todo momento. Son gente muy sencilla, llevaban ropa simple, sin grandes extravagancias. Todos lucían cortes de pelo similares, nada llamativo y por supuesto sin el cabello teñido. Además las mujeres no llevaban maquillaje, y si acaso lo llevaban de manera muy natural. Parece que la imagen no es en Corea del Norte ni un cuarto de lo importante que es en el Sur, donde tienen todo un culto a la belleza y el estilo.

Por lo que pudieron comprobar al hablar con los norcoreanos, estos ignoran la imagen que el resto del mundo tiene de ellos y de su país. Para ellos la vida en Corea del Norte es la normalidad. Los niños juegan en la calle, los padres van a sus trabajos y el sol se pone cada mañana, al igual que en cualquier otra parte del mundo. Son gente humilde que vive en una sociedad donde la información está muy restringida, pero no son tan distintos a nosotros.


Hasta aquí la sección de hoy, espero que la historia de este viaje y los descubrimientos de primera mano sobre la vida en la capital norcoreana os resulten tan interesantes como a mí.

¡Nos vemos la semana que viene!

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Sonia Otero

97. the answer is in our blood, not in the stars.

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